La visión de Swedenborg

La visión de Swedenborg

Emanuel Swedenborg (1688-1772) tenía la misma fama en su Suecia natal como vidente que como científico y  teólogo místico. Un ejemplo bien comprobado de esas dotes, investigado por un el filósofo alemán Kant, ocurrió el 19 de julio de 1759 en la ciudad portuaria de Goteborg, en la costa suroccidental de Suecia. Era un sábado hacia las cuatro de la tarde, y Swedenborg acababa de regresar de un viaje a Inglaterra cuando se sintió inquieto y sobresaltado. Se excusó con sus amigos y salió a dar un paseo. Al volver les contó que había tenido la visión de un incendio que había estallado cerca de su casa, a cien kilómetros de allí, y estaba asolando la ciudad donde vivía. Siguió preocupado hasta las ocho, hora en que informó a sus amigos que el fuego estaba ya extinguido.
 No tardó en difundirse la noticia de la visión, y pidieron a Swedenborg que la refiriese en persona al gobernador. El lunes por la mañana llegó a Goteborg un mensajero real con noticias del incendio, que confirmaron la visión de Swedenborg hasta en el último detalle.

Cyrano - Sus asombrosas predicciones

Predicciones asombrosas del escritor Savinien Cyrano

"Un visionaro del futuro"

El escritor francés Savinien Cyrano de Bergerac  debería ser recordado como divertido autor de relatos de ciencia ficción y, quizá, también como profeta.
Ilustraciones  de Cyrano sobre viajes al espacio.
A la izquierda una nave rumbo al Sol,
a la derecha un hombre volando con un cinturón.

 Su dos novelas sobre viajes a la Luna y al Sol (que suelen imprimirse en un mismo volumen) fueron publicadas póstumamente en 1656 y 1662, respectivamente. En ellas, pocos años después de que Galileo se retractó ante la Inquisición, describía Cyrano la órbita de la Tierra y otros planetas alrededor del Sol y el débil campo gravitatorio de la Luna, y proponía, entre siete ocurrentes métodos de viaje interplanetario, el de la propulsión por cohete. También afirmaba, trescientos años antes que Erich von Däniken, que los dioses y seres mitológicos que abundan en la historia de la Tierra son en realidad viajeros del espacio exterior, en este caso habitantes de la Luna (aunque originarios del Sol) que podían cambiar de forma a voluntad.
 También, de modo aún más notable, Cyrano describió los siguientes ejemplo de tecnología lunar: casas construidas sobre enormes tornillos que permitían ocultarlas en el suelo en las épocas frías (aunque el tornillo retráctil es algo que aún no han probado los constructores modernos); otras que se movían con las estaciones, impulsadas por velas henchidas por fuelles; artilugios para registrar y reproducir el habla, y bulbos radiantes que hacían la noche lunar tan brillante como el día.
 Aunque muchos autores de ciencia ficción han anticipado avances tecnológicos, ninguno se adelantó en ese campo a Cyrano, quien previó inventos eléctricos y electrónicos como el fonógrafo y el magnetófono, las viviendas transportables y los focos eléctricos. Sin duda habrá quienes los igualen, pero tendremos que esperar otros doscientos o trescientos años para saberlo.



La sincronicidad

 La Sincronicidad del profesor C.G. Jung

 Lo malo de las técnicas de predicción que se basan en signos de cuaquier tipo es que no parece existir relación entre esos signos y lo que significan. En ninguno de esos modos tradicionales de predicción (por la situación de los planetas, el estado de un hígado de cordero, el modo en que vuelan las aves o cómo están dispuestas las hojas de té en la taza) se da un relación concebible con la guerra o con la muerte, con suerte o el amor o en la riqueza, o con el resultado de cualquier otro acontecimiento futuro. No obstante, tales procedimientos siguen considerándose útiles, aún sin haber prueba alguna de su efectividad.
  El profesor C.G. Jung (el psicoterapeuta suizo cofundador, con Sigmund Freud, de la psiquiatría del siglo XX) estaba convencido de que tales métodos de predicción producen resultados significativos. Su trabajo lo había puesto repetidamente en contacto con los confines más extraños de la psique humana, y se daba cuenta de que la vida de muchas personas está salpicada por el fenómeno de las coincidencias y las profecías cumplidas.
 Jung llegó a convencerse de que en el universo actúa algún tipo de proceso conectivo distinto de la causalidad pero complementario a ella, y de que su manifestación responde a una aparente colaboración entre la psique humana y el mundo exterior. Llamó a ese principio "sincronicidad" y dedicó gran parte de sus últimos años a tratar de explicar cómo actúa.
 Al hacerlo, tenía plena conciencia de la dificultad de describir un proceso no casual para quienes se hallan profundamente condicionados por una visión exclusivamente causal del mundo. Su ensayo sistemático sobre el tema, La sincronicidad: Un principio conectivo acausal, publicado en 1952, fue un esforzado intento para evitar dar la impresión de que los agentes de la sincronicidad son agentes causales.
 En opinión de Jung, los agentes de la sincronicidad han de buscarse en lo que él llamaba los arquetipos de la psique humana. Un arquetipo se presenta a la mente consciente como una clase especial de símbolo. No es concebido por la mente consciente, sino que surge de ella, ya completo, de lo que Jung llamaba el inconsciente colectivo, un depósito de arquetipos que es patrimonio comúnde la humanidad. Así como todos los humanos tienen en común ciertos rasgos genéticos, Jung halló que también comparten un caudal de material psicológico que sólo se hace consciente en los sueños y los ensueños.
 Ejemplos de las figuras arquetípicas que Jung halló repetidamente en sus propios sueños, en los de sus pacientes y en las historias y mitos populares de todas las épocas y países, son los del sabio anciano o anciana, la madre eterna, el niño mágico, el embaucador, el árbol y el mandala (un dibujo que simboliza el universo). Así como los genes encarnan un orden (los genes son estructuras compuestas por moléculas de ADN cuya disposición ordenada forma los cromosomas) y crean estructuras ordenadas de desarrollo,  los arquetipos encarnan el orden a un nivel psicológico, y su presencia origina más orden.
 En este punto, la difucultad para Jung era explicar cómo el arquetipo, en virtuda de su orden inherente, crea orden de un modo no causal.
Un ejemplo médico puede darnos un modelo aproximado del proceso. La penicilina es útil en caso de infección bacteriana porque las moléculas de penicilina se parecen mucho a  las de la pared celular de las bacterias. Cuando una bacteria, "engañada" por ese parecido, incorpora una molécula de penicilina a su pared celular, la pared se debilita en ese punto a causa del deficiente ajuste y se rome, matando la bacteria.
 La molécula de penicilina ha sido instrumento de ese proceso, mas no de modo activo: en presencia de la molécula de penicilina, la bacteria ha desarrollado un nuevo modelo molecular con defectos fatales. Así pues, el papel de la penicilina es contingente, no causal.
  De modo semejante, el arquetipo actúa como un catalizador psíquico en cuya presencia se despliegan experiencia psíquicas de un modo ordenado y que con frecuencia afecta al mundo físico.
 ¿Cómo es esto posible? Otro ejemplo biológico puede resultar útil. Se ha sabido qu algunas aves migratorias se guían  por las estrellas. El sentido del tiempo y la imagen mental de la estrella congénitos en esas aves  pueden ser considerados como el nivel psíquico. Cuando ambos niveles se unen para poner a las aves en su rumbo apropiado y en el momento apropiado, tenemos la prueba del catalizador psíquico o arquetipo. También aquí los arquetipos (el reloj interior y la imagen mental congénitos) son contingentes, no causales.
 Jung se daba perfecta cuenta de que su teoría (más bien hipotesis en un definición) era sólo el primer paso hacia la comprensión de algo muy difícil de formular. La cuestión más importante que dejó sin respuesta fue la naturaleza real y precisa de la relación sincrónica entre lo psíquico y lo físico.
 Para Jung esa relación era el equivalente psicológico de las ecuaciones  matemáticas del físico, y se daba cuenta de que la falta de una contribución adecuada de la física matemática hacía incompleta su teoría en cuanto intento de explicar "la identidad relativa o parcial de la psique y el continuum físico". Si la hipótesis de la sincronicidad no ha sido demostrada, *tampoco se ha provado que sea falsa, y las personas pueden tener información genética (arquetípica) subconsciente relacionada con su aparente capacidad de predecir el futuro.


Notas de edición:

Las hipótesis de Jung parecen hoy en día más relacionadas con el tema pseudocientífico, sobrenatural, paranormal, sin embargo, parece ser que la información que tenían las ciencias biológicas no era tan completa como la de hoy en día, por lo tanto, algunas explicaciones propuestas de Jung pueden ser cubiertas perfectamente por la biología moderna. La ciencia moderna de la psicología no ha logrado detallar por qué algunas personas tienen una aparente capacidad para predecir el futuro, pero tampoco se ha comprobado de manera totalmente verosímil y científica que algunas personas tengan esta capacidad actualmente, pues los "mejores" psíquicos fallan en la mayor parte de sus predicciones, aunque muchos ocultan sus fallos usando táctica como usar palabras que pueden referirse a cualquier cosa si la idea original falla, por lo tanto, dan cabida a interpretaciones "alternas" de sus alegadas profecías.  Los artículos referentes a profecías en esta página web en realidad no datan de tiempos lo suficientemente rececientes como para que la ciencia moderna los pueda juzgar profundamente, ya que muchas pruebas de los acontecimientos se pierden con el tiempo.

Las profecías de Nostradamus

 Las asombrosas profecías de Nostradamus


 El más famoso de los profetas no bíblicos, Michel de Nostradame, más conocido por Nostradamus, nació en Saint Rémy, en el sur de Francia, en 1503. Adquirió notoriedad como médico asistiendo a las victimas de la peste que estalló en Aix-en-Povence y Lyon en 1546.47, y sólo más tarde empezó a hacer profecías. Las primeras aparecieron en forma de almanaque de pronósticos meteológicos en 1550, y en 1555 publicó la primera de sus diez colecciones de profecías (casi mil en total) bajo el título de Centurias. Murió en Salon, en la Francia meridional, en 1566.
 Nostradamus escribió sus profecías en verso, y casi siempre en un estilo altamente simbólico. Esto, y el hecho de que prefiriera no darles ningún orden determinado, motiva que en muchos casos su interpretación sea una simple conjetura. No obstante, algunas de ellas parecen apuntar claramente a sucesos que aún no habían ocurrido cuando vieron la luz las Centurias
 La primera profecía que dio fama de adivino a Nostradamus fue la siguiente:
El león joven vencerá al viejo, en campo bélico por duelo singular; en su jaula de oro le sacará los ojos; dos heridas en una, después sufre muerte cruel.
Cuatro años más tarde, en julio de 1559, el rey Enrique II de Francia, que a veces usaba el león como emblema, tomó parte en un torneo. La lanza de su joven adversario atravesó el yelmo dorado del rey y lo hirió. Enrique murió tras larga agonía.
 Pocas profecías de Nostradamus contienen algo tan preciso como una fecha, ni siquiera parcial. Pero parece haber anticipado la del gran incendio de Londres de 1666, al decir, que tendría lugar "en tres veces veinte más seis".
 La mayoría de las profecías de Nostradamus se refieren a grandes convulsiones políticas y a los asuntos de los encumbrados y poderosos. La Revolución Francesa parece ser el tema de varias estrofas, entre ellas la siguiente:
De gente esclava, canciones, cánticos y peticiones, cautivos los príncipes y señores en las prisiones. En el futuro por idiotas sin cabeza srán tenidas por divinas oraciones.
 La primera frase es clara. En los "idiotas sin cabeza" de la segunda cree verse a los primeros jefes de la Revolución, que veían las peticiones del populacho francés como "oraciones" y que más tarde, corrompidos por su nuevo poder, fueron a su vez derrocados y guillotinados.
  En una carta al rey Enrique II, Nostradamus predice también 1792 como fecha clave en los asuntos de Estado. En septiembre de ese año, al culminar la revolución, Francia fue proclamada república. Parece que también las muertes de la reina María Antonieta y de Madame Du Barry, amante de Luis XVI, fueron vaticinadas por este notable profeta.
 Como la mayoría de los profetas, Nostradamus parece haber tenido dotes especiales para pronosticar desastres y derrocamientos. Se dice que previó el destino de Napoleón, cuya estrella al frente del Imperio francés se extinguió con su encierro en la pequeña isla de Santa Elena en 1815, y la abdicación del rey Eduardo VIII de Inglaterra en 1936.
 En dos de sus quetrains, Nostradamus llegó casi a nombrar a Adolfo Hitler, y describió con cierta precisión sus calamitosas hazañas. Según la primera,
La libertad no será recobrada. Un hombre negro, orgulloso, ruin e inicuo la ocupará. Cuando halla forjado los lazos de su alianza, Venecia será vejada por Hister.
La segunda estrofa es aún más expresiva:
Las bestias enloquecidas por el hambre cruzarán los ríos, la mayor parte de los contendientes estarán contra Hister. Encerrará al jefe en jaula de hierro, cuando el hijo de Germania no respete rey alguna.
El contenido de estos versos es notablemente acertado. La libertad fue víctima de un hombre malvado, de corazón negro y cabellos negros. No cabe duda de que Venecia se vio, como el resto de Italia, "vejada" por su antiguo aliado. Las tropas de Hitler cruzaron ríos y otras fronteras como bestias voraces, aún cuando la mayoría de los países estaban en contra suya. La última frase es oscura, pero puede referirse al bloqueo naval alemán de Gran Bretaña, que, antes de Pearl Harbor, encabezaba en solitario la batalla del mundo libre por la supervivencia. 

El labrador profeta

El labrador profeta


  Robert Nixon, un visionario rural con fama de retrasado mental, nación hacia 1467 en una granja del condado inglés de Cheshire. Empezó a trabajar como mozo de labranza porque, según parece, era demasiado tonto para hacer otra cosa. Apenas hablaba, aunque a veces farbullaba cosas incomprensibles que eran tomadas por indicio de sus pocos alcances.
 Sin embargo, un día, mientras araba, hizo una pausa, miró como extrañado y exclamó: "¡Ahora, Dick!, ¡Vamos, Harry! ¡Muy mal!, Dick! ¡Bien hecho, Harry! ¡Harry ha triunfado!" Tales exclamaciones, más coherentes que la mayoría de las suyas, aunque también incomprensibles, llenaron de confusión a los compañeros de trabajo de Robert, pero al día siguiente todo quedó aclarado: en el mismo momento del extraño ataque de Robert, el rey Ricardo III moría en Bosworth Field, y el vencedor de esa batalla decisiva, Enrique Tudor, se convertía en Enrique VII de Inglaterra.
 Las noticias del bucólico adivino no tardaron en llegar al nuevo rey, que, muy intrigado, quiso verlo, a cuyo fin partió de Londres el encargado de acompañar a Nixon a palacio. Aún no había dejado la corte el enviado cuando Robert supo que iba a llegar y, lleno de angustia, empezó a recorrer el pueblo de Over gritando que Enrique había enviado en su busca e iban a hacerlo morir de hambre.
 Entre tanto, Enrique había ideado un método para poner a prueba al joven profeta, y cuando Nixon fue llevado a su presencia fingió una gran turbación. Le explicó que había perdido un valioso diamante. ¿Podría ayudarme a encontrarlo? Nixon respondió tranquilamente, con palabras de un proverbio, que quien esconde puede hallar. Naturalmente, Enrique había escondido el diamante, y le causó tal impresión la respuesta que ordenó levantar acta de cuanto dijera el muchacho. Lo que dijo, debidamente interpretado, predice las guerras civiles de Inglaterra, la muerte y abdicación de sus reyes y la guerra con Francia. También predijo que el lugar de Nantiwich, en Cheshire, sería asolado por una inundación, lo que aún no ha ocurrido.
 Pero la profecía que más preocupaba a Nixon era la más inverosímil de todas: que moriría de hambre en el palacio real. Para aplacar esos temores, Enrique ordenó que le dieran cuanta comida deseara y siempre que lo desease, orden que no contribuyó precisamente a hacer simpático al extraño joven en la cocina real, cuyo personal, de todos modos envidiaba sus privilegios.
 Sin embargo, un día Enrique se marchó de Londres, dejando a Robert al cuidado de uno de sus funcionario, a quien, para protegerlo de las malas intenciones de la servidumbre de palacio, no se le ocurrió más que encerrarlo en los propios aposentos del rey. Asuntos urgentes llevaron luego a ese funcionario fuera de Londres, y olvidó dejar la llave o instrucciones para que abriesen a Robert. Cuando regresó, el pobre campesino había muerto de hambre.

Concurso de oráculos

 El Concurso de los Oráculos

En el mundo antiguo, los oráculos eran parte aceptada de la vida política y pesonal, y los más famosos ejercieron su influencia durante siglos. Quienes, esperanzados o agradecidos, los consultaban les hacían valiosos regalos, y muchos de esos santuarios albergaban grandes riquezas.
 Cada oráculo tenía su propio método. Por ejemplo, el de Dodona, el más antiguo de Grecia, era una encina cuyos oráculos interpretaba un sacerdote guiándose por el rumor de sus hojas, el arrullo de las palomas en sus ramas y el tañido de las vasijas de cobre colgadas de ellas. La fama y el éxito de los oráculos eran tan variables como sus métodos, y el que quería consultarlos se veía a veces sumido en un mar de confusiones sin saber a cúal acudir.
En esa situación se halló Creso, el opulento rey de Lidia, cuando a mediados del siglo VI A.C la fuerza y la ambición de sus vecinos persas adquirieron proporciones alarmanetes bajo la égida de Ciro el Grande. ¿Qué peligro representaba Ciro para Lidia y qué alianza permitiría mejor a su rey hacer frente a esa amenaza? Acosado por las dudas, Creso sintió la necesidad de pedir ayuda al oráculo; pero en ¿cual de ellos confiar? Había seis famosos en Grecia y uno en Egipto, y todos ellos contaban con devotos entusiastas.
 En vista de ello, Creso decidió enfocar el problema de modo científico, probándolos antes de comprometerse. En un mismo día partieron siete mensajeros, uno para cada uno de esos santuarios, con la orden de formular su pregunta a los cien días exactos de la fecha de su partida. Lo que todos ellos debía preguntar   era: "¿Qué está haciendo en este momento el rey Creso, hijo de Aliato?" Después debían regresar rápidamente con la respuesta.
 Solo nos ha llegado la respuesta que nos dió el oraculo de Delfos, situado al pie de la ladera meridional del monte Parnaso. Allí, en el templo de Apolo, estaba la encarnación humana del oráculo, tradicionalmente una mujer conocida por la Pitia, sentada en un trípode de oro sobre una profunda grieta de la roca, mascando hojas de laurel, planta consagrada a Apolo, e inhalando los vapores que emanaban de la grieta. Cuando se le hacía una pregunta murmuraba palabras frenéticas e incomprensibles, que eran traducidas, generalmente en verso, por un sacerdote.
 Apenas había puesto de pie en el santuario el mensajero de Creso cuando el oráculo habló, sin esperar siquiera a ser preguntado:
Puedo contar las arenas y medir los mares; escucho el silencio y sé lo que habla el mudo. He aquí que a mis sentidos ha llegado el olor de una tortuga que ahora cuece al fuego, con la carne de un cordero, en un caldero. De cobre es el caldero, y de cobre la tapa que lo cubre.
 Cuando el mensajero comunicó esta respuesta a Creso, el rey confió sin más dudas en el oráculo de Delfos. Porque, tras mucho pensar, había decidido llevar a cabo el día de la prueba el acto más etravagante que se le ocurrió. Para ello tomó un cordero y una tortuga, los cortó en pedazos y los puso a cocer juntos en un caldero de cobre con tapa del mismo metal.


Conocimientos inexplicables de los pigmeos efes

Los pigmeos efes

Los pigmeos efes, que viven en la selva de Ituri, en el África Central, se refieren al planeta Saturno como "la estrella de las nueve lunas", Bibi Tiba Abuutsinua'ani. Esta denominación fue conocida por un antropólogo francés llamado Jean Pierre Hallet, que vivió año y medio con los efes en 1957-58. (La novena luna de Saturno fue descubierta en 1899 por el astrónomo estadounidense William H. Pickering). En 1966 fue observada en órbita alrededor del planeta una décima luna, muy pequeña, y en 1981 las sondas Voyager descubrieron otras más. Pero dado que todas ellas son invisible a simple vista, sólo un purista criticaría a los efes por ello. La fuente de su conocimiento es desconocida.

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